miércoles, 21 de diciembre de 2011

La falacia ego-psicológica: una nota sobre "el nacimiento del significado a partir del símbolo"

Un artículo de Wolfgang Giegerich. Publicado en: Journal of Junguian Theory and Practice Vol. 7 No. 2 2005. Traducción de Alejandro Bica y corrección de Enrique Eskenazi.

Wolfgang Giegerich
En su artículo "El símbolo místico: algunos comentarios sobre Ankori, Giegerich, Scholem, y Jung" publicado en esta revista (Journal of Junguian Theory and Practice, vol. 7, no. 1, 2005, págs. 25-29), Sanford Drob argumenta—apoyado por Micha Ankori en su "Rejoinder . . . " en el mismo número (pág. 31)—que "tanto el entendimiento de Scholem del símbolo como de la idea kabalística de la infinita interpretabilidad plantean desafíos significativos a la declaración de Giegerich sobre ‘el final del significado’". De ningún modo éste es el caso. Él sólo puede pensar así porque no ve mi argumento; lo que ve y critica es una visión que inadvertidamente está poniendo en lugar de mi afirmación. La tesis en mi artículo "El final del significado" no se ve cuestionada de ninguna manera por las ideas de que "el símbolo es sui generis" y que está abierto a "un conjunto indefinido, cuando no infinito de interpretaciones". No tengo ningún problema con estas ideas. (1) Jung también es víctima del mismo malentendido. Hace que Drob vea una oposición o un conflicto entre ciertas afirmaciones de Jung donde en realidad no hay ningún conflicto, porque las afirmaciones a las que se refiere son totalmente compatibles. Así, después de citar la idea de Jung acerca del símbolo en Tipos Psicológicos, de que "una vez que su significado ha nacido fuera de él ... (el símbolo) está muerto, es decir, sólo posee significación histórica", Drob afirma, "Jung, empero, no fue consistente. Por ejemplo, luego afirma que ‘ninguna formulación intelectual se acerca de algún modo a la riqueza y expresividad de la imaginería mítica.’" Las dos afirmaciones de Jung son compatibles porque son respuestas a dos cuestiones diferentes y por esta razón ninguna interfiere con la otra. Drob parece confundir estos dos temas distintos.

¿Cuáles son estas dos cuestiones? Respecto a la primera comenzaré con la frase de Drob "Si bien es verdad que algunos símbolos, por alguna razón, dejan de sugerir posibilidades interpretativas, y por lo tanto ‘mueren’ ..." e indicaré que Drob no discute completamente la idea de la muerte de los símbolos, sino que no tiene explicación que ofrecer de por qué y cómo es posible la muerte de los símbolos, y ni siquiera considera que esta cuestión sea merecedora de atención. ¿Cómo puede ser que un símbolo que ha fascinado a la gente durante siglos pierda de repente su poder sobre sus psiques? Es precisamente a esta cuestión a la que responde Jung en Tipos Psicológicos con su teoría del nacimiento del significado a partir del símbolo, en contraste con el símbolo que aún está preñado de significado. Esta es una cuestión que tiene que ver con la historia y la fenomenología de la vida del alma en la realidad empírica.

Cuando Jung, por el contrario, dice que "ninguna formulación intelectual se acerca de algún modo a la riqueza y expresividad de la imaginería mítica", está preocupado por una cuestión totalmente diferente, es decir, la de qué sea un símbolo (cuando y en tanto aún está vivo), una cuestión acerca de su dignidad particular, de su esencia y naturaleza especial, en contraste sobre todo, con el "signo" y la "alegoría". Esta es una cuestión lógica, una cuestión de definición. Cualquiera puede ver que esta visión de la riqueza y la expresividad (y es seguro agregar: in-finita) (2) de la imaginería mítica fácilmente puede insertarse en el otro enunciado, donde entonces elucidaría el enunciado "el símbolo aún preñado de significado". La teoría de la muerte de un símbolo y de su significación meramente histórica presupone precisamente esta visión (supuestamente tardía y "no consistente") de la riqueza del símbolo. El símbolo sólo puede perder su riqueza y expresividad si la poseía previamente.

He dicho que cualquiera podía verlo. ¿Pero entonces por qué Drob no lo ve? Me parece que la razón es que reemplaza subrepticiamente la visión de Jung (y la mía) del nacimiento del significado a partir del símbolo por otra visión, del todo incompatible, la cual puede verse más claramente en su frase "la posibilidad, o incluso la necesidad de proporcionarles [a los símbolos] traducciones racionales e interpretaciones". Drob afirma que "para Giegerich, con el nacimiento del significado a partir del símbolo el símbolo finalmente ha sido entendido", lo cual de algún modo está respaldado por alguna formulación en mi ensayo (en el cual he intentado interpretar los comentarios de Jung en lugar de hablar por mi cuenta), pero esto es un malentendido fundamental de mi argumento, puesto que con "entendido" él se refiere a nuestro entendimiento, a nuestras interpretaciones, mientras que en el contexto de la idea de preñez-nacimiento es el significado mismo el que ha revelado su secreto, él se ha abierto como un capullo. Sin embargo no ‘ahí fuera’, como algo que ha de ser contemplado, sino por haberse impuesto inadvertidamente a la consciencia, por haber revolucionado y haber vuelto objetivamente a casa a la forma lógica de la consciencia. Por lo tanto, el símbolo no ha sido entendido finalmente (por nosotros, en el sentido personalista), sino que ¡su significado ha nacido a partir de él! Una diferencia significativa que se merece unos pocos comentarios.

He trabajado con la metáfora de Jung de preñez y nacimiento. Drob en cambio opera con los conceptos de interpretación y traducción. La diferencia entre estas dos posiciones es crucial. ¿Cuál es la diferencia, o mejor aún, la oposición entre ellas? Tenemos que discernir varios aspectos.

1) La oposición preñez-nacimiento es una metáfora tomada de las condiciones o de los acontecimientos naturales. Por el contrario, las ideas de "interpretación" o "traducción" están tomadas en su sentido literal y pueden tomarse de este modo porque ya desde el principio se refieren a acontecimientos mentales. Implican el hiato sujeto-objeto. El símbolo es el objeto; la interpretación dada es un acontecimiento en el sujeto, en la mente de la ego-personalidad. Esta escisión no tiene ningún rol en la imagen preñez-nacimiento. El nacimiento metafórico del significado del cual el símbolo estaba preñado es el auto-movimiento natural (en un cierto sentido de la palabra), espontáneo, del significado (arriba empleé la imagen de un capullo que se abre hasta dar una flor). El acontecimiento que aquí ocurre toma lugar sólo en el lado del "objeto". Aquí no entra el sujeto con sus ideas y enunciados. Tenemos que adherirnos a la imagen. Un bebé que ha nacido claramente no es nada como una "interpretación" humana de lo que se supone que estaba oculto en el vientre de la madre. No, es en sí mismo el embrión oculto que ahora, sin embargo, ha salido de su estado de ocultamiento.

2) Con la preñez y el nacimiento estamos hablando de un cambio de estatus o condición de una y la misma entidad, sustancia o materia. "Nacimiento" es la descripción metafórica de una transición que puede observarse, de la misma manera que el alquimista observaba el cambio de la materia en su retorta, por ejemplo el paso de la negrura a la blancura.

Las ideas de una traducción y de una interpretación, por el contrario, operan con una dualidad, con dos entidades separadas. Mientras que el embrión ha desaparecido (la "muerte" del símbolo) una vez que ha nacido el bebé, precisamente porque se ha transformado y vive en el bebé ya nacido, una traducción en cambio, es un producto nuevo, adicional, que deja intacto detrás de sí el original del cual es traducción. De manera semejante, una interpretación es una realidad nueva en adición a eso que ha sido interpretado. Ahora tenemos dos cosas, el "texto" original y su traducción/interpretación, ambos divididos por una brecha ontológica.

3) El par de conceptos nacido-no nacido distingue entre estatus o condiciones de un asunto. En el caso de tesis-interpretación, esta distinción es reemplazada por otra, la oposición "real" (el texto como un hecho) en contra de la "ideal" (la interpretación como un punto de vista, una opinión), en otras palabras, una oposición entre dos reinos ontológicos. Puesto que la diferencia es ontológica, no puede haber una transición del uno al otro. Están frente a frente, divididos por un hiato fundamental.

4) Drob habla de dotar a los símbolos con traducciones e interpretaciones racionales. Esta forma de expresión, lo admito, es completamente adecuada para su tesis de la "interpretación". Nosotros le proporcionamos algo al símbolo ya existente; la interpretación tiene su origen en nosotros, en la mente subjetiva; es producida por nosotros (bajo nuestra propia responsabilidad). Es una especie de tesis, de hipótesis, que suministramos o que ‘ponemos debajo’ (hypo-) del símbolo. Esto muestra que con su tesis de la "interpretación" acerca del "nacimiento del significado" Drob ve claramente esta idea desde una perspectiva del ego. "Significado" (en este contexto), en la medida en que se lo ve de esta manera, evoca inmediatamente la concepción de que nosotros asignamos nuestras explicaciones, nuestras opiniones al símbolo. Todo es actividad nuestra, pensamiento nuestro. Nosotros tratamos de dar sentido a un símbolo, nosotros tratamos de figurárnoslo.

La idea del nacimiento del significado, entendida en sus propios términos, es completamente diferente. Aquí hablamos de un acontecimiento que es el hacer mismo del significado previamente no nacido, su desarrollo ulterior, su salida a la luz. Ahora "significado" no tiene absolutamente nada que ver con la interpretación proporcionada por la mente subjetiva. La imagen del nacimiento indica que esta teoría es desde el punto de vista de la "psicología objetiva". Lo que nosotros pensemos o sintamos acerca de un símbolo, las interpretaciones o traducciones que nosotros le proporcionemos, todo este material del ego, es irrelevante para una psicología objetiva. Aquí "significado" es una realidad en su propio derecho. Es algo (incluso me veo tentado a decir: "substancialmente") real, aunque por supuesto psicológicamente y no físicamente real (no es cosa de la naturaleza, sino una realidad mental, una realidad intelectual, una realidad del alma, una materia en el sentido psico-alquímico), al igual que en nuestra metáfora el niño que nace es algo real y no una opinión o explicación subjetiva acerca de la madre (o del embrión). Jung hablaba acerca del significado del propio símbolo, del significado como el cual éste existe. Cómo deba entenderse e interpretarse por nosotros este significado real, existente, es una cuestión totalmente diferente que seguramente también es interesante, pero no entra para nada en la cuestión a la que responde Jung en su teoría del "nacimiento del significado a partir del símbolo" ni en el argumento de mi artículo "El final del significado".

Encuentro deplorable y sorprendente que más de medio siglo después de la inauguración por parte de Jung de una psicología objetiva haya estudiosos serios de Jung que no puedan llegar a entender este punto crucial—haciendo inútil, por así decirlo, todo el esfuerzo del Jung ulterior, alquímico. Es un error psicológicamente fatal confundir el concepto psicológico del "significado" (del símbolo) con "significado" en el sentido de "traducciones e interpretaciones racionales" del símbolo, una recaída en la psicología personalista o ego-psicología. Uno sólo puede exclamar con Jung, "Vea usted, siempre es el mismo asunto: el completo malentendido del argumento psicológico" (Cartas, vol. 2, p. 572, a Robert C. Smith, 29 de junio de 1960, cursiva en el original). (3)

Tal vez Drob siente que al mostrarse dispuesto a "reconocer que tales interpretaciones representan lo que podría llamarse una maduración o un desarrollo . . . de la consciencia humana" comparte en parte mi enfoque. Pero no es así. Yo no suscribo en absoluto esta afirmación. Para mí, las "interpretaciones discursivas, racionales" son material del ego y no tienen importancia para la maduración o el desarrollo de la consciencia humana y carecen de interés para una "psicología objetiva". La psicología no es acerca de la gente y de lo que ellos piensan o sienten. Es acerca "del alma" (y lo que ella piensa o siente), acerca de la psique objetiva, acerca de la consciencia humana. Por supuesto, como cualquier educación, formación académica, lectura privada y pensamiento, aquellas interpretaciones pueden ser importantes para el desarrollo personal de la gente, para la maduración y expansión de la mente subjetiva. Pero por lo que respecta a la historia de la "consciencia humana" no tienen la menor influencia.

Podemos recordar aquí la idea de "la metamorfosis de los dioses", mencionada con frecuencia por Jung y tomada de Leopold Ziegler. Por ejemplo, Jung escribió que (en la antigüedad) "muchos de los dioses antiguos, a partir de ‘personas’ se desarrollaron en ideas personificadas, y finalmente en ideas abstractas" (CW 13, parágrafo 49). Cuando esto ocurrió, es decir, cuando lo que antes habían sido dioses, o más precisamente: cuando la forma lógica de "dios" para los contenidos respectivos se había vuelto psicológicamente obsoleta, súbitamente surgieron todo tipo de interpretaciones y explicaciones racionales de los dioses anteriores y de los mitos—tan sólo consultar aquellos de Evémero. Pero debemos darnos cuenta de que aquellas interpretaciones no eran precisamente la forma en que tomó lugar el nacimiento del significado a partir de los símbolos de dios. Más bien eran modos inconsecuentes, libremente flotantes, en los que una ego-consciencia ahora desconectada intentaba dar sentido a estos "símbolos" ahora muertos y psicológicamente ajenos, que ciertamente persistían, pero sólo como elementos erráticos, ya no más entendidos como elementos de la memoria histórica.

Psicológicamente es irrelevante, en términos de la historia del alma, toda la especulación intelectual y la teorización acerca de los dioses, meramente es opinión de la gente, y no realidades psíquicas. Son contenidos semánticos de la consciencia subjetiva y como tales usan, y por lo tanto confirman, la constitución objetiva predominante de la consciencia, del mismo modo que los muebles y los cuadros que se colocan dentro de una casa no afectan de ninguna manera la estructura misma de la casa. El alma o la consciencia es la casa, el ego o la ego-consciencia es el inquilino que amuebla sus habitaciones (privadas) en la casa con sus enfoques e interpretaciones de acuerdo a sus gustos y necesidades personales. La única relevancia psicológica (en contraste con la del ego, privada, personal) que tienen las especulaciones intelectuales y las interpretaciones, es que, como síntomas de la obsolescencia (psicológica) de aquello sobre lo que versan, muestran esa misma obsolescencia. Siempre que se siente la necesidad de explicar e interpretar, sabemos que aquello que ha de interpretarse ha perdido su significado para el alma y que ahora se ha vuelto presa de caza para el ego separado, el cual practica su reflexión exterior y teorización sobre ello, como sobre las reliquias de los contenidos particulares de una forma de consciencia pasada.

Nuestro resultado hasta ahora es que las interpretaciones racionales per se no representan una maduración o un desarrollo de la consciencia humana. Pero inversamente, también sería equivocado suponer que un verdadero desarrollo de la consciencia va acompañado de interpretaciones discursivas o de un mayor entendimiento subjetivo. Ya he rechazado la idea de que "con el nacimiento del significado a partir del símbolo, el símbolo es finalmente comprendido" (en el sentido del ego de comprender). El nacimiento del significado no resulta en interpretaciones, es decir, en contenidos semánticos. Uno no conoce más ni mejor. Uno (en tanto que mente consciente individual, ego consciencia) no es más consciente, ni se da más cuenta. Más bien, el nacimiento del significado resulta en una iniciación de la consciencia, es decir, en una revolución de la forma o estatus lógico de la consciencia, de modo que la consciencia se vuelve "esotérica" en el sentido especial de Jung, una consciencia que ha integrado el significado del símbolo en su forma lógica, pero que ipso facto permanece ignorante ante lo que ahora, mirando desde fuera, en reflexión externa, a lo que anteriormente alojaba aquel significado y eran por lo tanto símbolos vivientes, aparecen como cáscaras vacías (ahora "signos convencionales"—Jung). No los rechaza simplemente, probablemente sentirá la necesidad de encontrar un sentido en ellos sobre la base del nuevo estatus de consciencia recién adquirido.

Si los cabalistas tenían la teoría de la "infinita interpretabilidad" de los símbolos místicos, aquellos símbolos tenían ya que haber sido para ellos una cosa del pasado, porque los símbolos vivientes no necesitan interpretación: ellos son su significado. La consciencia de los cabalistas ya tenía que haber sido esotérica en el sentido de Jung, una consciencia que desde un punto de vista exterior, teórico, reflexionaba acerca del significado (aquí = interpretaciones) de los llamados símbolos místicos (de hecho: signos). Una consciencia exotérica no reflexiona desde afuera sobre el significado de los símbolos; se encuentra cautivada bajo el conjuro inmediato de su presencia y de su verdad.

Así, lo que ocurría cuando tomaba lugar un desarrollo de la consciencia es que la consciencia misma había sido transportada objetivamente a un nuevo nivel o estatus lógico, a un estatus en el cual básicamente se repite y continúa el mismo juego de antes entre inconsciencia y consciencia, ignorancia y conocimiento, aunque ahora en formas nuevas y diversas y con respecto a aspectos diferentes. (4) El desarrollo de la consciencia es un cambio de forma, un cambio lógico o "alquímico", no es un incremento lineal de consciencia subjetiva, no es una expansión cuantitativa de consciencia personal. De hecho, cada nivel superior (o más profundo) de consciencia comienza con una mayor inconsciencia y primitividad que la que se había alcanzado en la fase final desarrollada del estatus previo de consciencia.

Para explicar esto volviendo a la metáfora del nacimiento: con la transición del embrión al bebé, no se ha perdido ni se ha disminuido el enigma previo. ¿Es acaso el bebé—como persona en potencia, mente y alma—menos enigmático que el embrión? Por supuesto que no. El hecho de que el bebé ahora esté afuera y en lo abierto ante los ojos de cualquiera no resuelve el misterio de su naturaleza ni de su ser. Y en el momento en que no confundimos el significado objetivo de un símbolo con nuestra(s) interpretación(es) del símbolo, sino que comprendemos el significado como algo real, la idea del significado en el singular que ha nacido a partir de un símbolo no estrecha el símbolo a un único "significado" literal (en el sentido de la interpretación), sino que está abierta a, y aún más que eso: insiste sobre la infinitud interior de este significado o misterio (real, existente), como el cual existen el bebé y el símbolo. El símbolo tiene su significado en el singular, así como un árbol tiene su naturaleza en el singular, no en el plural. La elección aquí parece ser entre la infinitud numérica y la infinitud interior. Pero para el psicólogo qua psicólogo la elección desde el comienzo está determinada por su profesión.

El nacimiento no es sinónimo de traducción racional ni de interpretación discursiva; esto no quiere decir que hayamos entendido intelectualmente "al bebé" o "al significado del símbolo", respectivamente. Es la consciencia objetiva la que ha "entendido". Subjetivamente, el significado que ha nacido es usualmente inconsciente, no entendido. Simplemente impera, rige, como un hecho "natural" (en el sentido psicológico). Como ya he señalado, el significado en este sentido psicológico se refiere a la realidad y no a una idea subjetiva "acerca de . . .". Nacimiento significa la salida a la luz del significado, su "albedo", si se me permite decirlo. Y así como el blanqueamiento en la alquimia sólo significa que la materia se ha vuelto blanca, y no que el alquimista le ha proporcionado una interpretación racional, así la salida a la luz del significado significa un cambio de estatus psicológico del mismo significado, en lugar de un entendimiento intelectual o egoico del mismo. En el artículo "El final del significado", donde a mi no me interesaba como le interesaba a Jung el destino de los símbolos individuales, sino el destino de la consciencia humana a gran escala, además de la metáfora del nacimiento usé la de la emergencia de las aguas, una emergencia que resulta en el estadio "Acuario" de consciencia. El "final del significado" es una transformación lógica, sintáctica, y se produce mediante la integración (y por lo tanto también la sublación/superación) de todo el estatus previo de consciencia en la estructura misma de la consciencia.

La interiorización de toda la constitución anterior de la consciencia es dialécticamente equivalente al salir a la superficie ("al nacimiento") de un nuevo potencial, hasta ahora oculto, y como tal irrealizado, que emerge por encima de su previa identidad (Self).

La noción de integración nos ayuda a ser un poco más precisos de lo que fue Jung cuando dijo, a grandes rasgos, que "muchos de los dioses antiguos, a partir de ‘personas’ se desarrollaron en ideas personificadas, y finalmente en ideas abstractas". El nacimiento del significado a partir de los dioses que expresa esta afirmación, no debiera entenderse como que cada dios individual se transformó uno a uno en una correspondiente idea particular abstracta. Más bien, el desarrollo de la consciencia significó que el estadio de la consciencia caracterizado por el hecho de que la verdad se le aparecía en la forma lógica de dioses (imágenes de dios), como seres personales o poderes, fue sublada/superada in toto e integrada en la constitución lógica de la consciencia, que ipso facto se había vuelto una consciencia post-imaginal, post-mitológica. Para esta consciencia recién constituida, la verdad tenía que presentarse bajo una forma nueva, la forma de "ideas abstractas" (por ejemplo, las formas platónicas). Lo que en el estadio previo eran contenidos semánticos de consciencia (imágenes, dioses), en el nuevo estadio imperaban invisiblemente sobre la consciencia como sus propias leyes internas o estructura, su sintaxis, dentro de la cual esta nueva consciencia reconocía ahora todos sus contenidos semánticos. La consciencia previa era relativamente inocente respecto a los dioses; tenía a los dioses fuera, ante sí misma, lo cual significa que la consciencia en su propia constitución aún estaba intocada y era ignorante de ellos. Pero la consciencia posterior ya no tenía la misma inocencia, por cuanto "los dioses" habían vuelto a casa a la consciencia misma y ésta ahora los tenía, en forma sublada/superada, destilada, dentro de sí misma como su propio estilo o sintaxis.

¿Por qué, como dije arriba, el significado nacido es normalmente inconsciente, no se entiende, no se ve? Porque su "nacimiento" significa que ya no es más un contenido de consciencia que pudiéramos tener ante nuestros ojos, sino que es la forma sintáctica en la que vemos o pensamos cualquier cosa que veamos o pensemos. Y en completo contraste con el nacimiento literal, biológico, que es un acontecimiento empírico, sentido conscientemente, el nacimiento del significado ocurre siempre detrás de las escenas, inadvertidamente. La consciencia de repente simplemente se encuentra en una situación totalmente nueva sin saber lo que ha pasado o incluso sin siquiera saber que ha pasado algo fundamental. Esto es así porque el significado, al haber nacido, no aparece en el escenario de la consciencia como una idea o una interpretación—en el plano semántico—, como el bebé que de hecho sí aparece en el mundo real como un ser visible. Más bien se "revela" él mismo, por así decirlo, contagiando directamente, socavando, y reconstituyendo la forma lógica de consciencia desde atrás y de un modo ya psicológico (sutil, evaporado, destilado), no de un modo psíquico (empírico-factual, experiencial, semántico). Es un proceso en la negatividad del alma, no en la positividad de lo que los ojos pueden ver.

La consciencia que construye el "nacimiento del significado" como el otorgar por nuestra parte interpretaciones a los símbolos arraiga en lo que llamamos "el ego". Quizás, porque, como tal, está condenada a pensar en abstracciones, capta (y posiblemente siente la necesidad de buscar) lo no-abstracto solamente desde fuera, ante sí misma, como sus contenidos semánticos: por ejemplo, como dioses míticos y símbolos místicos, como lo impensable e inefable. Esto también explicaría por qué quiere eternalizar los dioses y los símbolos en verdades intemporales, inmunizándolos del trabajo de evaporización y destilación histórica del alma, y por qué se complace (de ninguna manera en el verdadero misticismo, sino sólo) en reminiscencias de misticismos históricos, pero en cualquier caso en la forma de la inconsciencia—‘cerrando los ojos’ sistemáticamente (myo, de donde ‘misticismo’) a la verdad psicológica abiertamente desplegada de la época, una época que conoce a los símbolos y afines sólo como inequívocamente obsoletos: como bienes de consumo publicitados en un enorme "mercado del significado", como elementos de ideologías y fundamentalismos, como drogas para elevados sentimientos subjetivos o para adormecer la consciencia, como paliativos para (aparentemente) llenar el propio vacío sin fondo, en cualquier caso como componentes de la fase post-industrial, mediática (5) de la modernidad.

Es una consciencia que se enfoca y se aferra a las imágenes míticas o a los símbolos místicos como contenidos semánticos estables de la consciencia a fin de salvarse del peligro de tener que darse cuenta de la sintaxis predominante de la consciencia—otro ejemplo de "la huida al inconsciente". Porque ¿qué es la inconsciencia? El no ver el bosque por ver los árboles. (6)


Notas

1) En cambio, sí tendría problema con la visión de Scholem, citada por Drob, de que "el símbolo místico es una ventana hacia ‘una realidad oculta e inexpresable’". Esto obviamente es una afirmación metafísica o ideológica. Pero como tal tampoco puede plantear un desafío para una teoría psicológica.

2) Jung estaba familiarizado con las teorías de Goethe, Creuzer, Bachofen acerca del símbolo y estaba de acuerdo con ellos desde el principio. La infinita, y por tanto, en última instancia, indescriptible riqueza de significado de un símbolo no fue de ninguna manera una nueva adquisición por parte del viejo Jung en contraste con el Jung de Tipos Psicológicos.

3) El contexto en el que dijo esto y a lo que se refiere eran diferentes.

4) Para aquellos que encuentran sorprendente esta afirmación yo debería explicar que la consciencia es en si misma la unidad y la tensión de la inconsciencia y del darse cuenta consciente. No hay un "lo inconsciente" literal frente a la consciencia. "Lo inconsciente" es una hipóstasis ilegítima y una extrayección de uno de los momentos internos de la propia consciencia.

5) "Mediática": aquí un adjetivo para el sustantivo "los medios" (de comunicación), lo que significa algo así como ‘caracterizada por los medios'’.

6) Así uno puede tener una multitud de interpretaciones, explicaciones, traducciones racionales para todo tipo de fenómenos, un gran conocimiento, y muchas ideas, y sin embargo ser bastante inconsciente. Disponer de más interpretaciones o ver más árboles no hace por sí mismo más consciente.